domingo, 20 de mayo de 2012

Capítulo XIII. Mi encuentro con Rosa.


Campos de fruta

Mi desorientación en una tierra extraña era evidente, y sin saber qué rumbo seguir pensé que abundando tanta fruta en aquel lugar algo encontraría para mi supervivencia en mi penoso caminar, un poco indeciso me predispuse afrontar una nueva aventura dejando al azar que me guiaran mis pasos, de casualidad llegue a una de aquellas casas de campo y me informaron que a media hora de camino buscaban un joven para la recolecta de fruta. Di las gracias a aquella buena gente y proseguí mi camino en la dirección que me indicaron con la esperanza que me acompañara la suerte.
 Faltaban unos 80m para llegar a la casa indicada cuando el perro olfateó mi presencia, sus ladridos me alertaron que no me recibía como amigo. Al oír los ladridos salió de la casa una señora que con éxito calmó la furia del animal al tiempo que se dirigió a mí para decir:
― Qué te trae por aquí zagal
― ¡Busco trabajo señora!
―  Como te llamas y que edad tienes― Yo me llamo Rosa.
― ¡Encantado de conocerle! Acabo de cumplir dieciséis años y mi nombre es Arturo, Pero no se preocupe por mí corta edad, sé trabajar bien la tierra y como ve soy de complexión fuerte.
― ¿Vives cerca de aquí?
― No señora, procedo de la región andaluza.
― ¿Y tu familia?
― Soy huérfano y no tengo familia.
― ¿Que no tienes familia?
Por desgracia han muerto todos en la guerra. Me miro directamente a los ojos y por su expresión pude intuir cierta compasión y ternura hacia mí. Era una mujer bella, ojos verdes y cabello castaño oscuro, calculé que tendria unos cuarenta años, y por la forma de expresarse intuí que era una mujer culta.
Obviamente supuse que le causé buena impresión al invitarme a entrar en casa para darme de comer, lo que agradecí mucho por tener un voraz apetito. Mientras comía guardaba silencio dedicando todo mi tiempo en devorar el contenido de los platos que me servía. Ella sin dejar de mirarme rompió el silencio para decir:
 Joven, veo que tienes mucho apetito.
Señora, lo cierto es que me mantengo solo de fruta desde hace dos días.
― ¡Si quieres puedes repetir!
―Gracias pero he quedado satisfecho.
―En lo que respecta a tu demanda de trabajo y suponiendo que mi esposo este de acuerdo, podrás trabajar para nosotros, no obstante, habrá que esperar un poco hasta que llegue de la recolecta de fruta.
― ¡Gracias señora! prometo que no se arrepentirán. 
Un poco nervioso por si era rechazada mi demanda de empleo por su esposo esperé hasta  que hizo acto de presencia, después de saludar con un hola se dirigió a mí con intención de decirme algo, pero se adelantó Rosa para  presentarnos:
Diego, te presento este joven que viene en busca de trabajo.
―Arturo, este señor es mi esposo.
Nos dimos un apretón de mano al mismo tiempo que dijo:
―Si cumples con tu cometido vas a tener trabajo para muchos años, de momento mi esposa te enseñara la casa y la habitación que te vamos a asignar para dormir.
Rosa hizo un gesto de aprobación y me invitó a que le siguiera, primero empezó a enseñarme la casa desde el exterior, aparte del señorial edificio principal, el resto era una combinación de edificios que se dividían en compartimentos para la explotación agropecuaria: como, graneros, corrales, cochineras y pajares separados de la edificación principal. Las paredes de la casa que vivían los señores estaban construidas de piedra con gran espesor para aislarla de las inclemencias del tiempo, y el tejado era de teja árabe a dos aguas. Desde el exterior se accedía al interior del edificio por una puerta en arco que a su vez conducía a un patio grande cuadrado, y éste abría paso a la casa. En el patio había varios naranjos y macetas colgadas sobre las paredes que perfumaban el aire. El resto de la casa era similar a la que deje en mi trabajo de jardinero, incluida la habitación que me asignaron. 
Me gustaría comentar que aquel día me sentí motivado y pensé que había nacido una nueva etapa para mí. Me agradaba el trabajo que me ofrecieron, ya que desde pequeño fue lo único que hice, tendría que hacer las cosas lo mejor posible para no moverme de aquel lugar.
Al día siguiente empezó mi vida laborar y la verdad que terminé un poco agotado, pero consideré que era normal después de un tiempo de inactividad, me gustaba el empleo y en aquel momento era lo que  me importaba.
Esto pasaba por mi cabeza cuando Diego se dirigió a mí y me dijo:
― Arturo, por hoy terminamos la jornada. ¿Te gusta este trabajo?
― Claro que me gusta señor.
― Como te veo tan agotado.
― Es normal después de un tiempo sin actividad señor.
― Esta bien, mañana será otro día, de momento nos vamos a casa, que seguramente Rosa nos tiene preparada una buena cena.
No se equivocó, su esposa sabía cocinar bien y había preparado un buen menú. Mientras cenábamos hablamos de todo un poco y por ellos me enteré de cosas que ignoraba de mis patrones.
Rosa tenía cuarenta años y Diego rondaba los cincuenta, llevaban veinte años casados y su posición económica era buena, los bienes que poseían los habían heredado de los padres de Rosa. Estos cedieron algunas fincas en alquiler de la herencia, de cuyo arrendamiento obtenían beneficios. Pero como dice el refrán, nunca existe la felicidad completa y en sus caras se apreciaba la tristeza por la falta de un hijo que heredara sus bienes.
Aquella noche me fui pronto a dormir para reponer fuerzas y ser merecedor del aprecio de mis patrones para no defraudarlos. Había pasado por tristes experiencias de vida y no deseaba que se repitieran de nuevo, necesitaba estabilidad e intuí que la encontraría en aquella zona.
Fue transcurriendo el tiempo y el aprecio que me demostraban era  más que evidente, su cariño iba más allá del que se le suele dar a un trabajador que cumple con su deber y sabe hacer las cosas bien,  intuí que posiblemente vieran en mí el hijo deseado que Dios no les dio, o al menos era lo que creí ver. No comprendía que Rosa manifestara tanto cariño hacia mí, y quedé convencido de su afecto cuando enferme y guardé cama una semana, pues en todo momento estuvo a mi lado y me atendió como una madre lo hace con su hijo. Por mi parte, creí haber encontrado el amor maternal que me faltaba y que tan generosamente me brindaba aquella mujer.
Los días transcurrían sin novedad y mi motivación hacia mis patrones daba sus frutos hasta el extremo de considerarme un miembro más de la familia. Me subieron los honorarios, y si el patrón se ausentaba por motivos de negocios le suplía como responsable en los trabajadores que contrataba en temporada alta de fruta.
Llegó el día de mi cumpleaños y me agasajaron con una fiesta, además de obsequiarme con muchos regalos, pero lo que más me gustó fue una bicicleta especial obsequio de Rosa. En aquel tiempo tener una bicicleta era como poseer un coche de lujo en la actualidad, y para un trabajador era inasequible. Aquel detalle de mi patrona significaba mucho para mi, fue tanta mi emoción que no pude contener mi llanto y llore como un niño pequeño, al verme llorar  limpio las lagrimas con su pañuelo y compasivamente beso mi mejilla.
En uno de aquellos viajes de negocios que habitualmente realizaba mi patrón fui consciente que el cariño manifestado por Rosa no era precisamente el de madre. Y todo empezó así.
Una de las mañanas cuando me predisponía dejar la casa para empezar mi jornada laboral sentí su voz desde su habitación que me dijo:
― ¡Arturo, esta tarde procura venir una hora antes del trabajo que tengo preparada una sorpresa!
Un poco extrañado contesté:
― Esta bien señora, así lo haré.
Durante toda la jornada no dejé de pensar en la sorpresa que tenía para mi en ausencia de su esposo, si se trataba de un regalo porqué no participar de la alegría los tres.
Tal como me ordenó terminé mi jornada laboral una hora antes de lo reglamentario, un poco nervioso e intrigado me dirigí a casa y antes de llamar a la puerta la abrió Rosa vestida con un precioso vestido de noche, pasa Arturo, mi sorpresa es la cena exquisita que he preparado para los dos esta noche.
Sorprendido intente responder, pero no pude hacerlo al tapar mi boca con una de sus manos, mientras que con la otra tomaba mi brazo para conducirme al comedor.







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