domingo, 20 de mayo de 2012

Capítulo XV. Para conseguir el hijo que el destino les negó fui utilizado por mis patrones.



En una de las ausencias habituales del esposo de mi patrona, me propuso que deseaba un nuevo encuentro y que tenía preparada una sorpresa para mí.
Mientras hacíamos el amor ella permanecía indiferente riéndose a carcajadas, era tanto lo que reía que logró incomodarme con su actitud. Ante mi malestar dejo de reír y mirándome fijamente a los ojos dijo:
― ¿Sabes que me has embarazado, buen mozo?―
Pero Rosa… que estás diciendo? ¡No puede ser cierto! – Dije tartamudeando.
― Lo que oyes, estoy embarazada de dos meses.
Poco faltó para que me diera un ataque:
― ¿Y estás tan tranquila?
― Claro que estoy tranquila, soy la más feliz de las mujeres y pronto seré mamá. ¿Acaso es malo ser madre?
―Dios todo poderoso... el patrón…
―Tranquilízate que no pasará nada, tu patrón lo sabe todo.
― ¿Qué sabe qué...?
―Arturo, llegó el momento de sincerarme contigo y poner las cosas en su sitio, de mutuo acuerdo con mi esposo hemos tenido que utilizarte para conseguir a nuestro hijo.
¿O crees que engañaba a mi esposo? Este juego terminó...
Nos hiciste un servicio y se te pagó bien. En adelante para dirigirte a nosotros: Señora Rosa y Señor Diego, no olvides que para todos los efectos el padre de mi hijo es mi esposo.
No obstante, podrás seguir trabajando para nosotros, pero tienes que borrar de tu mente esta aventura y pensar que nunca existió. Mañana cuando despiertes hazte a la idea que solo fue un sueño, y ni se te ocurra hablar con nadie de este tema. De lo contrario, te encerraremos en la cárcel para toda tu vida por falsedad y perjurio. Hicimos gestiones por nuestra cuenta y sabemos que estuviste en la cárcel por ladrón. No te conviene olvidar que tenemos mucho poder y suficientes medios para que te encierren otra vez. Ahora retírate a tu habitación a dormir, que mañana viene el patrón y el trabajo va a ser duro.
Sin mediar palabra obedecí y llore desconsoladamente casi toda la noche, sabía que aquella mujer disfrutaría si me veía llorar y no le daría ese gusto, me dolía la cabeza y creí que iba a estallar. Se aprovecharon de mí sin tener en cuenta mi juventud y mi poca experiencia de vida. Nunca llegué a imaginar que estuvieran los dos de acuerdo, y menos que me utilizaran para tener a su hijo sin importarles mi juventud y mis sentimientos, fue como si me hubieran robado un trozo de mi ser y, lo más grave, sin poder reclamar mi paternidad. Tenía que huir de aquella familia lo más rápido posible, ya que no podría ni mirarles a la cara. Pero existía una súper fuerza en mi subconsciente que lo impedía y me partía el corazón en dos mitades. Después de tanto pensar me quedé dormido y soñé que me encontraba en un laberinto sin encontrar la salida.
Haría caso al consejo de Rosa e intentaría imaginar que solo fue un sueño y que nada había sucedido entre nosotros dos, ¿Pues qué otra cosa podía hacer? Pero aquella fuerza invisible que invadía mi mente ganó la partida para seguir en aquella casa. Empezaría mi jornada laborar junto a mi patrón como si nada hubiera pasado. Él era consciente de lo que sucedía desde hacia tiempo ignorando los hechos, su objetivo se había cumplido y ya era padre. 
En nada me equivoqué, salió todo como pensaba, aún tuvo la desfachatez de saludar como si nada hubiera pasado. Pero su hipocresía fue a más haciéndome más daño. Una de las noches que  nos disponíamos a cenar acaricio con su mano el vientre de su esposa y dijo: 
― ¡Arturo, tenemos que darte una buena noticia, vamos a tener un bebe! Hemos pensado en ti, y nos gustaría que fueras el padrino–se me retorcieron las tripas al darme cuenta que lo que pretendía era reírse hiriendo mis sentimientos. Me encontraba en un callejón sin salida, pero de momento era mejor seguir su juego y esperar. Hice de tripas corazón y forzando una sonrisa acepte la invitación dándole la enhorabuena.
El embarazo seguía su curso y en sus caras se veía felicidad mientras que a mí me invadía solo tristeza, y aparte del daño psicológico empezaron a humillarme en multitud de ocasiones.
Sabía que mi vida siempre seria errante y que al final tendría que huir de aquel lugar para no aguantar tanto sufrimiento, pero no antes de conocer a mi hijo.
Si mi caso se hubiera dado en democracia posiblemente habría ganado la partida por abusos a un menor, pues en la actualidad se disponen de medios científicos para demostrar genéticamente quién es el padre, pero en aquel tiempo de nuestra posguerra donde reinaba el poder de la dictadura lo tenía todo perdido, y como me advirtió Rosa, “Incluso podría ir a la cárcel”.
Como todos sabemos, el nacimiento de un hijo para unos padres es el acontecimiento más hermoso que les puede suceder en la vida, sin embargo, para mí sería el más triste, ni siquiera tendría la oportunidad de besar a mi hijo al prohibirme la entrada en la residencia de los señores, nosotros éramos sirvientes y nuestra residencia era el establo donde se encerraban a los animales. Como puede observar el lector, mi caso fue una excepción para conseguir un objetivo, una vez que lo consiguieron me obligaron abandonar la casa y ocupar el lugar que me correspondía como criado.





Me dolia la cabeza y creí que iba a estallar










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