domingo, 20 de mayo de 2012

Capítulo XXV. Una triste despedida.




Nos despedimos llorando y prometiéndonos amor eterno. El barco elevó anclas y en unos minutos se hizo a la mar. Desde la cubierta estaba viendo a mi novia como agitaba su pañuelo para despedirme y cuando dejaba de agitarlo era para secar sus lágrimas. Por mi parte hacia lo mismo al no dejar mis lágrimas de aflorar, pues era consciente de lo que significaba en mí mi vida y que sin ella mi vida carecía de sentido, jamás pensé que una mujer llenaría el vacío que existía en mi corazón en mis años vividos.
Llegue a sentir odio por el barco que me alejaba de la persona que más amaba en el mundo sin poder evitarlo, en unos minutos dejé de verla, pero la seguía percibiendo desde el adentro de mi corazón y de mi alma, y movería cielo y tierra para estar junto a ella lo que me quedara de vida.
Apenas me había incorporado a mi destino y empecé a tramitar gestiones para mi posible traslado a Melilla. Pero hay un refrán que dice que las cosas de palacio van despacio y en mi caso fue acertado, pues todo requiere su tiempo y nada es de un día para otro. Mientras tanto, nuestro único contacto eran aquellas cartas de amor que nos escribíamos y que recibíamos con retraso. Los días se sucedían en el cuartel y mis pensamientos eran para mi amada, hasta llegar al desinterés y la desmotivación por mis obligaciones militares.
Habían transcurrido cuarenta días desde el ultimo día que la vi cuando recibí una carta que me causo mucha alegría, pero también preocupación porque me comunicaba que iba a ser papá y decía así.
Amor de mi vida:
Hoy he de darte una noticia que sé que te hará muy feliz, pero también sé que sentirás preocupación por las circunstancias que se dan en nuestro caso para traer un bebe. Cuando nos entreguemos en el amor fuimos poco precavidos y me quede embarazada, sé que es el momento menos oportuno para que venga nuestro hijo al mundo, pero como padres lo hemos de aceptar a pesar de las consecuencias adversas que se dan en nuestra situación, es un fruto de nuestro amor y no hay vuelta atrás, y ante el descontento de  mis padres que sé que lo va haber tendremos que luchar. De momento no me atrevo a darle esta noticia a mi padre por respeto y temor, le conozco muy bien y sé que no le gustará. ¡Amor mío!, estoy desesperada y necesito que me ayudes. Me gustaría que fueras tu quien le diera esta noticia.
Sea todo por nuestro amor y por nuestro hijo,  espero que pronto estés a mi lado.
Mil besos de tu amor, Ana
Mi amada tenía razón, sabía que la noticia me causaría alegría, pero también sabía que sería agobiante para mí, y no porque no deseara tener un hijo, sino por la situación adversa que se daba para los dos. Ella en casa de sus padres y yo cumpliendo el servicio militar, y aunque esta vez era muy diferente a la hija en común que tenía con
Rosa por una manipulación, esta vez era el fruto de un amor correspondido qué podría cuidar y mimar junto a ella.
Tal como me pidió le escribí una carta a su padre para contarle del embarazo de su hija y tratar en lo posible disculpar a Ana, y hacerle entender que en el amor no existen culpables y que en caso de haberlos era yo por traicionar la confianza que me dio después de mi acogida en su casa, obviamente nos casaríamos de inmediato cuando me trasladaran a Melilla para estar junto a su hija.
Finalmente llego el deseado día: me comunicaron que tenía concedido mi traslado. Por lo tanto, solo tendría que esperar una semana para estar junto a la mujer que tanto amaba y con la que me casaría antes de que naciera mi hijo.
Si el embarazo de mi prometida hubiera ocurrido en la actualidad no tendría la menor importancia, pero en aquella época sin haber contraído matrimonio se consideraba una deshonra para la familia por los perjuicios y habladurías de la gente, y según la carta que recibí de su padre creyó ver en mi a una persona irresponsable y lamentaba su equivocación y valoración a mi persona.
Tanto mi hija como tú, sois los causantes de un error que ha deshonrado a la familia, No obstante, el daño está hecho y no hay vuelta atrás, lo único que queda por hacer es restablecer el honor manchado por vuestra irresponsabilidad y casaros lo antes posible por la Iglesia.











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